Salvamos cada diente natural
Composite de última generación que imita perfectamente el color y translucidez del esmalte natural. Restauraciones completamente imperceptibles que devuelven función y estética.
Preservamos el máximo tejido dental sano utilizando instrumental de precisión y técnicas conservadoras. Solo eliminamos el tejido estrictamente necesario para mantener la estructura dental.
Anestesia local moderna completamente indolora. Aislamiento con dique de goma que protege y mantiene la zona seca. Procedimientos rápidos y cómodos con resultados duraderos.
Utilizamos exclusivamente composites certificados de marcas premium, libres de BPA, con máxima resistencia, estética superior y biocompatibilidad garantizada.
La odontología conservadora es la rama de la odontología que se dedica a la prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades que afectan a los dientes, con el objetivo fundamental de conservar las piezas dentales naturales y mantenerlas funcionales el mayor tiempo posible. El principio básico es preservar al máximo la estructura dental sana, interviniendo solo cuando es estrictamente necesario y siempre con el mínimo desgaste posible.
Esta filosofía se basa en el entendimiento de que ninguna restauración artificial, por buena que sea, supera a un diente natural sano. Los dientes naturales tienen propiedades únicas: sensibilidad propioceptiva que permite controlar la fuerza de mordida, capacidad de movimiento microscópico dentro del alvéolo que amortigua las fuerzas masticatorias, y conexión directa con el sistema nervioso que permite detectar texturas y temperaturas. Por ello, el objetivo primordial es mantener los dientes naturales en boca mediante tratamientos preventivos y restauradores conservadores.
La caries dental es una enfermedad infecciosa y multifactorial que destruye progresivamente el tejido dental. Comienza como una desmineralización microscópica del esmalte causada por ácidos producidos por bacterias que metabolizan azúcares de la dieta. Si no se trata, la caries avanza desde el esmalte hacia la dentina, y finalmente alcanza la pulpa dental (nervio) causando dolor intenso y requiriendo endodoncia o incluso extracción.
La detección precoz es crucial porque las caries iniciales (manchas blancas o marrones superficiales sin cavitación) pueden remineralizarse y detenerse mediante tratamientos no invasivos como aplicación de flúor, selladores, y mejora de la higiene oral, sin necesidad de realizar empastes. Una vez la caries ha formado cavidad, ya no es reversible y requiere tratamiento restaurador mediante empaste.
Las revisiones dentales periódicas cada 6-12 meses permiten detectar caries en estadios muy iniciales cuando son pequeñas, fáciles de tratar, requieren empastes mínimos, y no causan síntomas ni dolor. Tratar caries pequeñas preserva mucha más estructura dental, es más económico, y previene complicaciones graves como pulpitis, abscesos, o pérdida dental.
Ignorar una caries dental tiene consecuencias progresivamente graves. Inicialmente puede no causar síntomas, pero a medida que avanza aparece sensibilidad dental al frío, calor, o dulces. Cuando la caries alcanza la dentina profunda cercana al nervio, aparece dolor más intenso y persistente. Si llega a la pulpa dental, causa pulpitis (inflamación del nervio) con dolor severo, pulsátil e insoportable, especialmente nocturno.
Eventualmente el nervio se necrosa (muere) y la infección se extiende al hueso circundante formando un absceso periapical con inflamación, flemón facial, fiebre, y riesgo de complicaciones sistémicas graves. En este punto, el diente requiere endodoncia urgente o extracción si la destrucción es demasiado extensa para salvarlo.
Además de las complicaciones locales, las caries no tratadas afectan la calidad de vida: dificultad para masticar que compromete la nutrición, dolor que interfiere con el sueño y las actividades diarias, mal aliento por acumulación de bacterias, problemas estéticos que afectan la autoestima y las relaciones sociales, y costes económicos muy superiores cuando se requieren tratamientos complejos como endodoncias, coronas, o implantes.
La máxima expresión de la odontología conservadora es la prevención, evitando que aparezcan caries y problemas dentales. Las medidas preventivas fundamentales incluyen: higiene oral meticulosa con cepillado dos veces al día durante 2 minutos con pasta fluorada, uso diario de hilo dental o cepillos interproximales para limpiar entre los dientes, enjuague bucal con flúor si se indica, y limitar el consumo de azúcares especialmente entre comidas.
Las revisiones dentales profesionales cada 6 meses permiten detectar problemas precozmente, realizar limpiezas profesionales eliminando placa y sarro, aplicar flúor tópico para fortalecer el esmalte, y recibir consejos personalizados de higiene y dieta. Los selladores de fosas y fisuras en molares previenen eficazmente caries en las superficies masticatorias, especialmente en niños y adolescentes.
La dieta también es crucial: limitar la frecuencia de ingesta de azúcares y alimentos cariogénicos, evitar bebidas azucaradas y ácidas que desmineralizan el esmalte, no picar entre comidas o enjuagarse después con agua, y consumir alimentos protectores ricos en calcio, fósforo y vitamina D. Con buenos hábitos preventivos es perfectamente posible mantener una boca sin caries durante toda la vida.
Trabajamos exclusivamente con composites de marcas premium como 3M, Ivoclar, Dentsply, o Tokuyama que ofrecen propiedades superiores: micropartículas que proporcionan pulido espejo y brillo duradero, resistencia al desgaste similar al esmalte natural, baja contracción de polimerización que minimiza filtraciones marginales, amplia gama de colores y opacidades para mimetizar perfectamente el diente natural, biocompatibilidad certificada libre de BPA, y máxima adhesión al tejido dental mediante sistemas adhesivos de última generación.
En todos nuestros tratamientos conservadores utilizamos dique de goma, una lámina de látex o silicona que aísla completamente el diente a tratar del resto de la boca. Las ventajas son múltiples: campo operatorio completamente seco que garantiza adhesión óptima del composite, protección de lengua, mejillas y garganta de instrumentos e irrigantes, mejor visibilidad y acceso para el odontólogo, procedimiento más rápido y cómodo, y resultados significativamente mejores con mayor durabilidad de los empastes.
Para restauraciones en dientes anteriores visibles o casos estéticos exigentes, empleamos técnica de estratificación con múltiples capas de composite de diferentes opacidades y colores que imitan la estructura natural del diente: capa de dentina opaca en el centro, capas de esmalte translúcido en los bordes, efectos de caracterización con tintes, y texturizado superficial que replica las microrrugosidades del esmalte natural. El resultado son restauraciones completamente imperceptibles que desafían la detección incluso de cerca.
Confiamos plenamente en la calidad de nuestro trabajo y por ello ofrecemos garantía en todas nuestras restauraciones con composite. Realizamos controles periódicos verificando la integridad de los empastes, el ajuste oclusal, y el estado de las encías adyacentes. Ante cualquier problema como fractura, descementación o filtración, lo solucionamos rápidamente sin coste adicional dentro del periodo de garantía.
Los empastes de composite bien realizados pueden durar entre 10 y 15 años, o incluso más, con los cuidados apropiados. La durabilidad depende de múltiples factores: el tamaño y ubicación del empaste (los pequeños en zonas de baja presión duran más que los grandes en molares que soportan fuerzas masticatorias intensas), la calidad del material utilizado (los composites premium de marcas reconocidas tienen mayor resistencia al desgaste y mejor retención del color), la técnica de colocación (el aislamiento con dique de goma y correcta polimerización son cruciales), la higiene oral del paciente (mantener limpia la zona previene caries secundarias alrededor del empaste), los hábitos parafuncionales como bruxismo (rechinar de dientes) que pueden fracturar el empaste requiriendo férula de descarga protectora, la dieta (masticar hielo, frutos secos muy duros o caramelos puede fracturarlos), y las revisiones periódicas que permiten detectar y reparar pequeños defectos antes de que se conviertan en problemas mayores. Los signos de que un empaste necesita renovarse incluyen aparición de fracturas o grietas visibles, cambio de coloración con oscurecimiento de los bordes, rugosidad superficial o pérdida de brillo, filtración marginal con aparición de línea oscura entre el empaste y el diente, sensibilidad persistente al frío o dulces que sugiere microfiltración, y dolor al morder que indica fractura no visible. Es importante entender que los empastes no son «para siempre» y eventualmente necesitarán reemplazarse, pero con cuidados adecuados su vida útil es muy prolongada. En las revisiones semestrales evaluamos el estado de todos los empastes y aconsejamos cuándo es necesario renovarlos preventivamente.
No, realizar un empaste dental no duele durante el procedimiento gracias a la anestesia local moderna que aplicamos. La sensación de la inyección de anestesia es mínima ya que utilizamos técnicas de infiltración lenta, agujas extrafinas, geles anestésicos tópicos previos, y anestésicos sin vasoconstrictor cuando está indicado. En 2-3 minutos la zona queda completamente dormida y no sentirás absolutamente ningún dolor durante la eliminación de la caries, preparación de la cavidad, o colocación del empaste. Solo percibirás presión, vibración del instrumental rotatorio, y sensación de agua de la refrigeración, pero nunca dolor. Para caries muy superficiales que solo afectan al esmalte y no llegan a la dentina, en algunos casos ni siquiera es necesaria anestesia ya que el esmalte no tiene terminaciones nerviosas. Tras el tratamiento, una vez desaparece el efecto de la anestesia (2-4 horas), es normal experimentar sensibilidad leve durante 1-3 días, especialmente al frío o al morder, debido a la manipulación del diente y la proximidad del empaste a la pulpa dental. Esta sensibilidad es transitoria y desaparece progresivamente a medida que el diente se adapta. Si la sensibilidad es intensa o persistente más de una semana, puede indicar que la caries estaba muy profunda cerca del nervio y el diente necesita tiempo adicional para recuperarse, o en casos raros puede requerir endodoncia si la pulpa se ha inflamado irreversiblemente. Sin embargo, esto es poco frecuente con diagnóstico correcto y técnica apropiada. La mayoría de pacientes reportan que el tratamiento es mucho más cómodo de lo que esperaban y las molestias postoperatorias son mínimas o inexistentes.
El composite es claramente superior a las amalgamas de plata en prácticamente todos los aspectos, por eso en nuestra clínica solo utilizamos composite y no colocamos amalgamas desde hace años. Las ventajas del composite incluyen: estética totalmente natural con color idéntico al diente que hace las restauraciones completamente invisibles, adhesión química al tejido dental que refuerza el diente y sella herméticamente previniendo filtraciones, preparación cavitaria más conservadora ya que solo requiere eliminar la caries sin necesidad de crear retenciones mecánicas adicionales, ausencia de mercurio eliminando cualquier preocupación toxicológica aunque no existen evidencias de daño por amalgamas bien colocadas, menor sensibilidad térmica ya que el composite no conduce el frío y calor como el metal, y permite reparaciones sencillas si se fractura parcialmente. Las amalgamas de plata, aunque son muy resistentes y duraderas especialmente en grandes reconstrucciones de molares, tienen importantes desventajas: apariencia metálica antiestética que se nota claramente al sonreír o hablar, no se adhieren al diente sino que funcionan por retención mecánica requiriendo tallar más tejido sano, pueden oscurecer el diente con el tiempo por liberación de iones metálicos, contienen mercurio que aunque es seguro cuando está amalgamado genera rechazo en muchos pacientes, conducen la temperatura causando mayor sensibilidad, se expanden y contraen con cambios térmicos pudiendo fracturar el diente a largo plazo, y no pueden repararse debiendo renovarse completamente. Actualmente el composite ha alcanzado propiedades mecánicas similares o superiores a las amalgamas con los materiales de última generación, especialmente los composites bulk-fill y de alta resistencia al desgaste. Por tanto, no existe ninguna razón para usar amalgamas hoy en día. Si tienes amalgamas antiguas que funcionan correctamente, no es necesario cambiarlas preventivamente, pero cuando requieran renovación por fractura, filtración o caries secundaria, las sustituiremos por composite estético.
Sí, es fundamental empastar los dientes de leche cuando tienen caries, a pesar de que sean dientes «temporales» que se caerán. Esta es una creencia errónea muy extendida entre padres que piensan «no merece la pena tratarlos si se van a caer». Sin embargo, los dientes temporales cumplen funciones esenciales y deben mantenerse sanos hasta que se caigan naturalmente entre los 6-12 años. Los dientes de leche permiten masticar correctamente para una nutrición adecuada del niño en etapa de crecimiento, son fundamentales para el desarrollo del habla y pronunciación correcta, mantienen el espacio para los dientes permanentes que erupcionarán años después (cada diente temporal «guarda el sitio» para su sucesor), y afectan la autoestima y relaciones sociales del niño. Las caries en dientes de leche no tratadas causan: dolor intenso que afecta la alimentación, el sueño y la calidad de vida del niño, infecciones que pueden dañar el diente permanente en formación justo debajo del temporal, abscesos dentales que requieren antibióticos o incluso hospitalización en casos severos, pérdida prematura del diente temporal que causa problemas de espacio y maloclusiones graves, y mayor riesgo de caries en los dientes permanentes. Los empastes en dientes temporales son similares a los de adultos pero adaptados: utilizamos composite del color del diente, anestesia cuando es necesaria, y técnicas de manejo de conducta para que el niño colabore. Si la caries es muy profunda realizamos pulpotomía (tratamiento del nervio parcial) o en casos extremos extraemos el diente y colocamos un mantenedor de espacio. Por tanto, es absolutamente necesario tratar las caries en dientes de leche para preservar la salud oral del niño y prevenir problemas futuros en la dentición permanente. La prevención mediante higiene oral desde la erupción del primer diente y revisiones periódicas es la mejor estrategia.
La elección entre empaste directo de composite o incrustación (restauración indirecta) depende principalmente del tamaño y ubicación de la cavidad a restaurar. Los empastes de composite son ideales para caries pequeñas a moderadas, cavidades que no comprometen cúspides, dientes anteriores donde la estética es prioritaria y las fuerzas masticatorias son menores, y cuando se busca un tratamiento más económico y rápido en una sola sesión. Las ventajas del empaste incluyen menor coste (aproximadamente 60-120€ según tamaño), tratamiento completado en una sola visita sin esperas, preparación dental más conservadora, y facilidad de reparación si se daña parcialmente. Las incrustaciones están indicadas para cavidades grandes que involucran una o más cúspides, molares que soportan fuerzas masticatorias intensas, cuando se requiere máxima resistencia y durabilidad a largo plazo, o cuando existe pérdida extensa de tejido dental pero aún es suficiente para no necesitar corona completa. Las ventajas de las incrustaciones incluyen mayor resistencia mecánica al ser fabricadas en laboratorio bajo presión y temperatura, ajuste perfecto con anatomía ideal, menor contracción que los composites directos evitando microfiltración marginal, mejor adaptación en puntos de contacto interproximales, y mayor durabilidad (15-25 años vs 10-15 de empastes). Las desventajas son mayor coste (400-700€ según material), requieren dos visitas con provisional temporal, y tallado ligeramente más agresivo. Como regla general: si la cavidad es pequeña-moderada y no afecta cúspides, el empaste de composite es perfectamente adecuado y predecible. Si la destrucción es grande con cúspides comprometidas o fracturadas, la incrustación es superior. Si la destrucción es muy extensa con paredes finas, la corona completa es necesaria. En la consulta evaluamos cada caso específico y recomendamos la mejor opción considerando todos los factores.
Los empastes de composite de calidad realizados correctamente pueden mantener su color original durante muchos años, pero es cierto que con el tiempo pueden experimentar ciertos cambios cromáticos, aunque mucho menos que los composites antiguos. Los factores que influyen son la calidad del material (los composites premium con nanopartículas mantienen mejor el color que los híbridos antiguos), el pulido final (un pulido perfecto con discos y gomas específicas crea una superficie lisa que resiste las tinciones), la higiene oral del paciente (mantener el empaste limpio previene acumulación de placa pigmentada), los hábitos dietéticos y de consumo (café, té, vino tinto, tabaco son los principales causantes de manchado externo), y la ubicación del empaste (los empastes en dientes anteriores muy visibles se manchan más por exposición constante a alimentos y bebidas). Las manchas suelen ser superficiales en la interfaz empaste-diente o en porosidades microscópicas de la superficie. La buena noticia es que estas manchas superficiales se eliminan completamente con pulido profesional durante la limpieza dental periódica, devolviendo al empaste su brillo y color original. Si el cambio de color es interno (el propio composite se ha oscurecido por envejecimiento del material tras 10-15 años), el pulido no lo resolverá y será necesario renovar el empaste. Para minimizar el manchado: mantener higiene oral excelente cepillándose después de consumir alimentos pigmentantes, usar pajita para bebidas oscuras reduciendo el contacto con dientes anteriores, no fumar (el tabaco es el factor que más mancha los composites), acudir a limpiezas profesionales cada 6 meses donde puliremos los empastes, y evitar pastas dentales muy abrasivas que pueden rayar la superficie del composite creando rugosidades que atrapan pigmentos. Con estos cuidados, los empastes modernos mantienen excelente estética durante toda su vida útil.
El coste de un empaste dental varía según varios factores: el tamaño de la caries y la complejidad de la restauración, la ubicación del diente (los empastes en dientes anteriores con alta exigencia estética pueden costar más), el número de superficies afectadas (un empaste de una superficie cuesta menos que uno de tres superficies), y los materiales utilizados. En Clínica Gramadent, los empastes de composite tienen un rango de precio aproximado: caries pequeñas de una superficie 60-80€, caries medianas de dos superficies 80-100€, caries grandes de tres o más superficies 100-150€, reconstrucciones complejas de dientes anteriores con estratificación estética 150-200€, y reconstrucciones extensas con postes de fibra en dientes endodonciados 180-250€. Las incrustaciones, al ser restauraciones indirectas fabricadas en laboratorio, tienen mayor coste: inlay de composite 400-500€, onlay de e-max (disilicato de litio) 500-700€, y overlay de zirconio 600-800€. Estos precios incluyen todos los pasos del tratamiento: diagnóstico con radiografías, anestesia, aislamiento con dique de goma, materiales de alta calidad, tiempo del profesional, y garantía. Muchos seguros dentales cubren parcial o totalmente los empastes básicos. Es importante entender que tratar una caries pequeña con un empaste de 70€ previene que progrese y requiera tratamientos mucho más costosos: si la caries llega al nervio necesitará endodoncia (300-500€) más corona (500-800€), y si no se trata a tiempo puede requerir extracción e implante (1.500-2.500€). Por tanto, el empaste precoz es siempre la opción más económica además de conservar el diente natural. En la primera consulta, completamente gratuita, realizamos exploración completa, radiografías diagnósticas, y presupuesto detallado de todos los tratamientos necesarios sin compromiso.
Debes revisar tus empastes y toda tu boca en general cada 6 meses mediante revisiones dentales profesionales. Durante estas revisiones evaluamos el estado de todos los empastes existentes verificando su integridad mediante exploración visual y táctil con sonda dental, buscando signos de desgaste, fracturas, filtraciones marginales o caries secundarias alrededor del empaste, comprobando que el ajuste oclusal sea correcto sin contactos prematuros que puedan fracturar el empaste, y realizando radiografías periódicas (cada 1-2 años) que detectan caries entre dientes o debajo de empastes antiguos no visibles clínicamente. Las revisiones periódicas son fundamentales porque permiten detectar problemas en estadios iniciales cuando son fáciles de solucionar: una pequeña filtración marginal se repara puliendo el empaste y reaplicando composite, mientras que si se ignora progresa a caries secundaria extensa que requiere renovar todo el empaste o incluso endodoncia. Los signos de alerta que deben motivar una revisión urgente antes del control semestral incluyen dolor al morder en un diente empastado (puede indicar fractura o caries secundaria), sensibilidad persistente al frío que no existía previamente, cambio de color oscuro en los bordes del empaste, sensación de rugosidad o borde cortante con la lengua, o desprendimiento parcial o completo del empaste. Es importante no esperar a tener síntomas para acudir a revisión, ya que muchos problemas dentales avanzan sin dolor durante meses o años. Las revisiones preventivas semestrales son la mejor inversión en salud oral: detectan problemas pequeños que se solucionan fácilmente y económicamente, previenen urgencias dolorosas y costosas, mantienen los empastes en óptimas condiciones maximizando su durabilidad, y mediante limpiezas profesionales previenen nuevas caries. El coste de dos revisiones anuales (aproximadamente 100-140€/año) es mínimo comparado con el coste de tratamientos complejos que se requieren cuando no se realizan controles preventivos.
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