Tratamiento sin dolor con tecnología avanzada
La endodoncia, también conocida como tratamiento de conductos, es un procedimiento odontológico especializado que consiste en eliminar la pulpa dental infectada o dañada del interior del diente. La pulpa es el tejido blando que contiene nervios, vasos sanguíneos y tejido conectivo, ubicado en la cámara pulpar y los conductos radiculares de la raíz del diente.
Durante el tratamiento, nuestros especialistas acceden al interior del diente, limpian y desinfectan meticulosamente los conductos radiculares, eliminan el tejido infectado y luego sellan herméticamente el espacio para prevenir futuras infecciones. Finalmente, restauramos la pieza dental con una reconstrucción y, en la mayoría de casos, una corona dental que protege y fortalece el diente tratado.
Existen diversos signos y síntomas que pueden indicar que necesitas un tratamiento de endodoncia. El dolor dental intenso y persistente es el indicador más común, especialmente cuando aumenta al masticar o aplicar presión sobre el diente afectado. Este dolor puede ser pulsátil y agravarse durante la noche.
La sensibilidad dental extrema al frío o al calor que perdura incluso después de retirar el estímulo es otra señal clara. Si notas que el dolor continúa varios segundos o minutos tras beber algo frío o caliente, es probable que la pulpa esté comprometida.
Otros síntomas importantes incluyen la inflamación y sensibilidad en las encías cercanas al diente afectado, cambio de coloración del diente hacia tonos más oscuros o grisáceos, aparición de un flemón o absceso dental (bulto con pus en la encía), presencia de fístulas que drenan material purulento, y dolor al tocar o percutir el diente.
La principal causa que lleva a necesitar una endodoncia es la caries dental profunda que no ha sido tratada a tiempo. Cuando la caries avanza desde el esmalte hasta alcanzar la pulpa del diente, las bacterias infectan el tejido nervioso causando inflamación e infección.
Los traumatismos dentales por golpes, caídas o accidentes también pueden dañar la pulpa dental, incluso si el diente no presenta fracturas visibles. El impacto puede interrumpir el suministro sanguíneo a la pulpa, causando su necrosis con el tiempo.
Otras causas incluyen fracturas dentales que exponen la pulpa, procedimientos dentales repetidos sobre el mismo diente que pueden irritar la pulpa, grietas o fisuras en el esmalte que permiten la entrada de bacterias, y en algunos casos, enfermedades periodontales avanzadas que afectan la raíz del diente desde el exterior.
Realizar una endodoncia a tiempo es crucial para salvar el diente natural y evitar complicaciones más graves. Cuando se retrasa el tratamiento, la infección puede extenderse más allá de la raíz del diente, afectando el hueso maxilar circundante y creando abscesos que requieren tratamientos más complejos.
Un diente con infección pulpar no tratado puede derivar en una infección sistémica que afecte otras partes del cuerpo, especialmente en personas con sistemas inmunológicos comprometidos o condiciones cardíacas preexistentes. Además, el dolor intenso y persistente afecta significativamente la calidad de vida, dificultando actividades cotidianas como comer, dormir o concentrarse.
Conservar el diente natural mediante endodoncia es siempre preferible a la extracción, ya que mantiene la estructura ósea, preserva la alineación dental correcta, evita que los dientes adyacentes se desplacen, y resulta más económico a largo plazo que sustituir el diente con implantes o puentes.
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